Las nueve funciones que la norma asigna al centro, y qué significa cada una en la práctica.
El listado de funciones de la escuela es corto —nueve puntos— pero cubre todo el ciclo formativo: desde fijar objetivos educativos hasta graduar a los nuevos oficiales. Reproducimos el listado institucional y añadimos, en cada caso, qué implica en el funcionamiento diario del centro.
Es la función que da sentido a todas las demás. Fijar qué debe saber y saber hacer un subteniente al egresar determina el plan de estudios, la carga horaria, los criterios de evaluación y hasta el perfil de los docentes que se contratan.
Traduce los objetivos en decisiones de gestión: cómo se enseña, con qué métodos, con qué recursos y bajo qué reglas administrativas. Es el puente entre la declaración de intenciones y el presupuesto anual.
La escuela no recibe alumnos asignados por otra instancia: diseña y conduce su propio concurso de ingreso, con sus fases, sus requisitos y sus cuadros de mérito. Esta autonomía explica por qué las bases del proceso cambian de una convocatoria a otra.
Es la función central. El régimen educativo abarca lo académico, lo físico, lo disciplinario y lo ceremonial, y la norma exige que el centro no solo lo ejecute sino que lo evalúe, es decir, que mida si funciona.
La docencia propiamente dicha: aulas, campos de instrucción, prácticas y laboratorios, a cargo de la plana de docentes e instructores.
La evaluación es continua y multidimensional: rendimiento académico, aptitud física, conducta y desempeño en el regimiento. De ella dependen la permanencia, el orden de mérito y, al final, el puesto de egreso.
La escuela propone a quién quiere en sus aulas. Combinada con la exigencia de formación de posgrado para los docentes, esta facultad es la herramienta con la que el centro sostiene su nivel universitario.
Presupuesto, infraestructura, equipamiento y logística del internado. Una escuela con régimen de internado tiene costes de funcionamiento que una institución de estudios diurnos no conoce.
El cierre del ciclo: la graduación de los oficiales de la Policía Nacional, con el doble efecto de incorporarlos al servicio y de otorgarles el grado académico y el título profesional correspondientes.

Leídas en bloque, las nueve funciones describen una institución con un grado alto de autonomía: define sus objetivos, selecciona a sus alumnos, propone a sus docentes, administra sus recursos y gradúa a sus egresados. Pocas escuelas de formación del Estado peruano concentran todo el ciclo de esa manera.
Esa autonomía tiene un correlato exigente. Al no depender de otra instancia para ninguna etapa, la calidad del resultado descansa por completo en los mecanismos internos de evaluación y supervisión del propio centro, que es exactamente lo que justifica la existencia de una jefatura dedicada solo a esa tarea dentro de la División Académica.